ENTRE LOS CERROS FUNCIONA UNA ESCUELA EN LA QUE NO HAY PRUEBAS NI PUPITRES Y SE ESTUDIA EN PANTUFLAS

ENTRE LOS CERROS FUNCIONA UNA ESCUELA EN LA QUE NO HAY PRUEBAS NI PUPITRES Y SE ESTUDIA EN PANTUFLAS

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LAS VERBENAS ES UNA INSTITUCIÓN EDUCATIVA QUE FUNCIONA EN LA LOCALIDAD DE EL MOLLAR. ES ÚNICA DE SU TIPO EN EL NORTE ARGENTINO. LA PEDAGOGÍA SE BASA EN APRENDER MEDIANTE LA EXPERIENCIA


No hay gritos, ni peleas ni juegos torpes. Es un recreo diferente al de otras escuelas. Pero no porque los chicos sean distintos, sino porque el escenario predispone para la calma. Los colores de las montañas, el sonido del viento, el frío de las piedras, el olor de las hierbas del campo… todo transmite sensaciones para ver, tocar, contar, clasificar, sumar, restar, copiar o dibujar. Los 23 alumnos de la escuela Las Verbenas, de El Mollar, aprenden casi sin darse cuenta, de forma natural, sin pruebas que los estresen, ni plazos de entrega de trabajos, ni presión para alcanzar determinados resultados. Adquieren, sí, los mismos conocimientos de los niños que asisten a las escuelas comunes, pero por el camino de una pedagogía que se basa en la simpleza de la experiencia.

En 2012 la comunidad indígena de El Mollar cedió un terreno en comodato a la entrada de esa villa para el funcionamiento de la escuela Las Verbenas. Hasta que se construya el local, el establecimiento funciona en la hostería de La Angostura. Es una escuela experimental, única en el norte argentino, cuyo proyecto nació hace 50 años en La Plata y cuenta con reconocimiento oficial del Ministerio de Educación de la Nación desde 1984. A imagen de ese primer instituto de Educación Superior “Roberto Themis Speroni” se fundaron 30 escuelas experimentales en el país y una en el estado de Nueva Jersey, EEUU.

Almohadones

Si no fuera por la cantidad de niños y el pizarrón, nadie pensaría que se trata de una escuela. En las aulas no hay sillas ni mesas ni armarios de metal ni mapas impresos en las paredes. Lo primero que se ve, a la derecha, es un mueble lleno de zapatos, donde los chicos dejan su calzado de calle para ponerse pantuflas y estar más cómodos. A la derecha, hay un jardín y cada planta es responsabilidad de un alumno.

En el aula, cada chico toma un almohadón para sentarse en el piso. Los lápices, las témperas, todos los materiales didácticos son propiedad de todos. Están en el medio y cada cual retira solo lo que necesita y una vez que termina su trabajo lo vuelve a poner su lugar. En las paredes hay mapas, pero todos hechos por los chicos. No hay figuras de Disney ni personajes de televisión, sino dibujos nacidos de la imaginación de los chicos. Los juegos didácticos, como los rompecabezas, el ajedrez, las damas y otros, incluso los de encastre, son fabricados por los alumnos en las clases de Plástica.

Palitos y piedritas

Las matemáticas comienzan con un puñado de piedritas o de palitos recogidos por los chicos en visitas al río. Y a medida que los alumnos ascienden de grado van utilizando juegos de mesa y situaciones problemáticas más complejas. Para leer y escribir se usan libros de cuentos (y no las adaptaciones para niños).

“Partimos de la experiencia, con elementos concretos, no abstractos. Por eso en matemática se trabaja con objetos antes de empezar a escribir los números”, explica Eva Ortiz, la maestra, que es soltera, de 30 años, y vino de Ushuaia para sumarse al proyecto de Tucumán.

“La escuela funciona de 8.30 a 13.30, de marzo a diciembre, con los mismos programas con los que trabajan las escuelas comunes, lo que cambia es la metodología”, diceMaximiliano Liguori, maestro de Educación Física. Vive desde hace 11 años en el valle, con su mujer, María, y sus hijos Pedro y Luna, de cinco y dos años, respectivamente. El plantel docente se completa con Paola Cequeira, maestra de grado y oriunda de Tafí del Valle. Por lo menos hasta que termine su práctica docente Guadalupe Blanco, que todavía está cursando magisterio en Ushuaia. En los cinco años que funcionó la escuela pasaron otros docentes que también vinieron del sur y ahora se volvieron.

Cara a cara

Las Verbenas cuenta con jardín de infantes y primaria hasta 6° grado. Se trabaja en rueda, sentados en el piso, todos se pueden ver la cara. “El maestro no es el que tiene el saber; todos aprenden de todos. Nos sentimos al mismo nivel que los chicos, no hay niveles de superioridad. Es tan importante lo que dice un alumno como lo que explica el maestro. Incluso todas las normas rigen para todos de la misma manera. Por ejemplo, si un chico no se lo deja entrar a la escuela porque llegó tarde, a un docente tampoco”, detallan los maestros en una charla bajo el sol, mientras los chicos toman su desayuno sentados en rueda. El más grande está encargado de servir cada taza, el más chico reparte el canasto con el pan. En la pared hay un cronograma de parejas a las que le toca lavar la vajilla. El pan está hecho por las familias, que también participan de manera muy cercana en la escuela.

El juego es un disparador para comenzar a aprender. Cada uno elige un instrumento musical para aprender a tocar. La historia y la literatura son aptos para la dramatización y muchas veces terminan en una obra de teatro, como suele ocurrir con las fiestas patrias. El disfrute del conocimiento es más importante que memorizar fechas y hechos.

En Las Verbenas no hay pruebas escritas, porque los profesores evalúan al alumno en forma permanente, sin que ellos se den cuenta. Tampoco se exige al alumno que aprenda determinados conocimientos en cierta cantidad de tiempo. “Respetamos los tiempos de aprendizaje de cada alumno”, dice Eva. Y sin embargo, Esteban, que tiene 10 años, asegura que antes él iba a otra escuela de Tafí del Valle, pero que su abuela lo cambió a esta porque aquí le enseñan más, o al menos, siente más ganas de aprender.

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/646428/sociedad/entre-cerros-funciona-escuela-no-hay-pruebas-ni-pupitres-se-estudia-pantuflas.html